Dos figuras de gran calado contribuyeron decisivamente a cimentar los orígenes del vino espumoso en Cataluña, un madrileño y un catalán, lo que demuestra que los lazos de buen entendimiento han sido siempre fuente de progreso y que sumar es beneficioso para todos.
Esos dos personajes, cuya significación muchas veces olvida la historia oficial del cava, están, además en las raíces de las bodegas Mont-Ferrant, ya que fueron ellos quienes diseñaron el proyecto de dichas bodegas en Blanes.
Por un lado está Agustí Vilaret (1820-1903), integrante de la primera generación de champañeros catalanes, que en 1872 ya elaboraba vinos espumosos como lo demuestra el hecho de haber participado con alguno de ellos en el concurso-exposición celebrado en aquella fecha en Barcelona. Vilaret había emigrado siendo muy joven a Puerto Rico, y a su regreso en 1865 ideó el proyecto de elaborar vino espumoso en Blanes, la ciudad que le vio nacer. Adquirió para ello una gran parcela, en cuyas tierras el cultivo de la vid era un rito ancestral, y puso toda su ilusión y su empuje en una tarea sin par: levantar de la nada una industria, como gustaban decir en aquel siglo.
Luego
está la figura aún menos conocida del madrileño Luis
Justo, un ingeniero afincado en Barcelona, que puso su saber enológico al
servicio de la elaboración del vino espumoso, Luís Justo y Villanueva (1834 –
1880) había nacido en la madrileña calle del Turco, y en su ciudad se licenció
en Ingeniería Industrial en 1864, doctorándose al año siguiente en Ciencias
Físicas. Por aquel entonces ya ocupaba una cátedra en
Él fue el adalid, el guía de los orígenes. “Cataluña le debe un monumento”, dice de él el estudioso Emili Giralt, en una rigurosa monografía sobre los primeros pasos del cava. Como homenaje, las bodegas Mont-Ferrant le dedicaron unos sus mejores elaborados. Un cava con aromas de cítricos, hierbas aromáticas, flores de agua, donde todo parece estar hecho de la misma materia, fresca y ligera, para llegar a la madurez sin precipitación, sin presión parcial del carbónico. Lo que significa que la repartición del equilibrio táctil queda más definida, suavizándose a medida que avanza su arco gustativo.
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J.Vigas S.A. y sus antepasados están unidos al
corcho desde hace mas de 100 años. En 1887 se
inaugura el centro de producción de Palafrugell con
una filial de ventas en Champagne.
Efectivamente, la empresa empieza su camino fabricando tapones para champán y es a partir de los años 50 cuando por cuestiones
estratégicas se dedica a la manufacturación del tapón para vinos tranquilos. En
1995 y en un intento de completar una
gamma de productos que den un servicio
integral al sector vinícola, se reinicia la actividad de tapones
aglomerados con discos y de los tapones 1+1. Esta decisión supone también para J.Vigas S.A. un intento de homenajear, no sólo a los pioneros de la empresa, sinó también a todos los colaboradores que han entregado su
esfuerzo para que J.Vigas S.A
sea hoy una referencia, tanto en el mercado nacional como en el internacional.
En las instalaciones
centrales de Palafrugell se encuentra la sección de
acabados de tapones, los departamentos de administración, comercial, calidad y
laboratorio. En el año 2001 se incorpora una nueva infraestructura en la zona industrial, donde se concentra el
almacenaje de fardos de corcho en plancha, la fabricación de tapones para vino,
tapones aglomerados con discos para cava y el 1+1
Nuestro espíritu de
mejora continua siempre ha ido íntimamente ligado al compromiso, no sólo de
cumplir todas las exigencias legales, normativas y otros requisitos asumidos
por la empresa, sino también de
satisfacer a nuestros clientes. Todos nuestros deseos e intenciones no
serían más que eso, sin la presencia de nuestros auténticos motores, los
clientes que con sus exigencias y requisitos nos hacen ser mejores día a
día.
En consonancia con
este compromiso, desde 1997 estamos certificados según norma ISO 9001:2000. J.
Vigas SA también dispone de la certificación SYSTECODE desde su inicio en el
año 2000
Con el fin de
conseguir los objetivos marcados en nuestra política de calidad, J.Vigas SA concentra sus esfuerzos en los siguientes
puntos:
¨ Plan de control de recepción: materias primas
y auxiliares
¨ Plan de control durante el proceso productivo:
operaciones del proceso de producción
¨ Plan de control de expedición: tapones
acabados
¨ Análisis físico - mecánicos
¨ Análisis químicos – Cromatografía
¨ Análisis microbiológicos
¨ Cursos de Formación
¨ Aplicación normativa Prevención de Riesgos
Laborales
¨ Análisis de peligros y puntos críticos de
control (HACCP)
¨ Gestión medioambiental
¨ I+D
Los parámetros
inspeccionados en el producto final son los que se especifican en las normas
UNE vigentes, donde se contemplan las cacterísticas
técnicas que tienen que cumplir los tapones de corcho
Los tapones de corcho constituyen el
soporte económico fundamental de los alcornocales, bosques exclusivos del
mediterráneo occidental y uno de los ecosistemas con mayor biodiversidad, que
además, soporta modos de vida tradicionales que vienen desarrollándose en
nuestra cuenca desde hace varios milenios.
Es posible la explotación sostenible y modélica de
este recurso natural renovable, el corcho, un material de propiedades únicas, que se utiliza de modo
tradicional en la industria vinícola como el mejor sistema de tapamiento del
vino embotellado .
· El
corcho es un tejido vegetal, más concretamente la corteza, del Quercus súber
L., el alcornoque.
· La
producción de corcho útil para la fabricación de tapones puede considerarse a
partir de los 35 - 40 años de vida del alcornoque, hasta los 150 - 200.
· Los
periodos de saca o descortezado son cada 9 o 14 años, dependiendo de la
situación geográfica del alcornocal.
· El
tejido suberoso cuenta con una media de 40 millones de alvéolos por centímetro
cúbico.
· La
membrana que separa dos alvéolos contiguos está constituida por cinco láminas:
dos de naturaleza celulósica, otras dos más gruesas de suberosa y una lámina
central lignificada con acumulación de ácidos grasos.
· Los
alvéolos están comunicados entre sí por unos canales, los plasmodesmos.
Estos hacen que la estructura alveolar se comporte como verdaderos vasos
comunicantes, permitiendo una uniformidad del comportamiento dimensional frente
a una compresión.
La particular estructura alveolar y el
equilibrio en la formación de las líneas de crecimiento es donde residen las
características del corcho: ligereza, compresibilidad, elasticidad, resiliencia, (capacidad de volver a la forma inicial
cuando dejan de actuar las fuerzas que le han deformado), gran poder de
adaptación, estanqueidad, ausencia de capilaridad, hermeticidad,
impermeabilidad, estabilidad, carácter imputrescible, aislante térmico y
acústico, gran resistencia al deslizamiento,...
El corcho es un producto noble, de la
naturaleza y con capacidad de ofrecer
casi el cien por cien de su energía, siempre que sea tratado adecuadamente.